lunes, 29 de enero de 2007

Neandertal

Neandertales: Enterramientos, Rituales, Religión, y Canibalismo

(Fuente: http://platea.pntic.mec.es)

Del mismo modo que los Neandertales cuidaban humanamente a sus compañeros incapacitados, también enterraban a sus muertos. “Los Neandertales no acreditaron un enterramiento deliberado y significativo de sus muertos hasta medio siglo después de su descubrimiento” (Constable 1965:97). Esto “trasluce una aguda autoconciencia y una preocupación por el espíritu humano” (Leaky and Lewin 1977:125). El emplazamiento de sus tumbas fue intencionado y muchas han sido encontradas en diferentes áreas de Europa y Oriente Próximo. Los entierros neandertales tienen elementos humanisticos y ritualistas, con el cadaver colocado en una posición durmiente o fetal, con la cabeza mirando hacia el oeste y los pies apuntando al este. Algunos restos han sido encontrados con animales colocado en las manos o el cuerpo, junto con ocre rojo, un pigmento de color posiblemente utilizado para los rituales simbólicos. Algunos Neandertales están enterrados juntos, lo que significa que grupos enteros de parientes permanecían unidos después de la muerte. Uno de los más fascinantes y controvertidos lugares de enterramiento es la Cueva de Shanidar. Los restos que allí se encuentran, llamados Shanidar IV, fueron cuidadosamente colocados en posición fetal en un áspero lecho tejido de belcho, un tipo de planta local. De acuerdo con las muestras de polen tomadas, estos Neandertales fueron enterrados con varias especies diferentes de flores. “A partir de la ordenada distribución de los granos en torno a los restos fósiles es incuestionable que las flores fueron dispuestas deliberadamente y no dejadas caer sobre la tumba, como si el cuerpo hubiera sido cubierto” (Leaky and Lewin 1977:125). Aparentemente, los familiares y amigos del difunto recogían estas distintas especies de flores, las llevaban consigo y las colocaban cuidadosamente sobre el cuerpo. Algunas de las especies de flores encontradas en Shanidar IV eran [yarrow], aciano, cardo de San Banaby, hierba cana, jacinto, belcho y una especie de malva. Muchas de ellas tienen propiedades medicinales que “abarcan desde el alivio del dolor de muelas y la inflamación hasta su uso como cataplasma y para las convulsiones” (Solecki 1971:249). De acuerdo con Solecki, “se puede especular que el individuo no era sólo un hombre importante, un jefe, sino que podía haber sido una especie de curandero o chamán en su grupo” (Shreeve 1995:53). A partir de este análisis es verosímil que “la gente de Shanidar tuviera conocimiento de algunas de las propiedades medicinales de las flores” (Leaky and Lewin 1977:125). Siete tumbas neandertal fueron encontradas en La Ferrassie, en la región suroeste de Francia. Consistían en un hombre, una mujer, dos niños y tres bebés. El hombre tenía una edad aproximada de 45 años y
“su esqueleto mostraba que había sido enterrado acostado sobre su espalda, ligeramente inclinado hacia la izquierda, con las piernas flexionadas. Tres piedras lisas estaban asociadas al enterramiento, una cerca del cráneo y las otras sobre los brazos, y varios grandes huesos, astillas de hueso y láminas de sílex habían sido puestas en su tumba, interpretadas a menudo como una protección del enterramiento. Cerca de la tumba del hombre estaba el esqueleto de una mujer de unos 25 a 30 años, enterrada en tal posición que sugiere que podría haber sido atada antes del enterramiento. No hay enseres en este enterramiento. Los neandertales 3 y 4 estaban enterrados en trincheras de 30 a 40 cm. de profundidad de apariencia similar. Contenían los huesos de dos (posiblemente tres) nilis y un feto o neonato. En medio de las trincheras había una depresión oval, de 40 por 30 cm., que contenía los restos de un feto incompleto (de unos 7 meses) y tres [racloirs] bellamente hechos” (Shackley 1980:87).

En medio de ellos, un esqueleto infantil, de unos 4 años, “estaba sin cabeza; la calavera estaba enterrada a corta distancia, cubierta con una gran piedra marcada con una serie de depresiones artificiales huecas” (Trinkaus and Shipman 1993:255). Muy cerca había fosos y trincheras que en algunos casos contenían huesos de animales. Esta evidencia indica que los neandertales enterraban ceremoniosamente a sus muertos de modo simbólico y ritual. El acompañamiento de herramientas de sílex con los restos puede ser interpretado como una creencia neandertal en la inmortalidad. Estos objetos y la fauna son posibles representaciones de una buena caza y garantía de vitalidad en el espíritu del mundo, o podría también ser un emblema del estatus en el interior de la tribu. Otra característica de este lugar de enterramiento es lo que parece ser el primer señalador de tumba. Las depresiones huecas en la piedra probablemente tienen una significación desconocida, incluida la aceptación de la muerte de un hijo, su inclusión en el clan o su anterior residencia en la cueva. Este simple monumento también simboliza una obra de arte. El enterramiento del “Anciano”, en la La-Chapelle-aux-Saints, fue de vital importancia para el desarrollo de las ideas acerca de los neandertales. Este individuo estaba enterrado sobre su espalda, con su cabeza hacia el oeste, el brazo izquierdo extendido y sus piernas flexionadas a la derecha. Cerca de la cabeza había tres largos huesos metatarsianos de mamíferos, junto con otros restos animales. Muchos de estos huesos parecen haber sido quemados, así como el sedimento circundante, que indica probablemente algún festín que tuvo lugar antes de que este individuo fuera enterrado. Otro enterramiento neandertal, el de un varón adolescente, fue encontrado en Le Moustier, en el sur de Francia. Los restos habían sido rociados con ocre rojo y enterrados en una posición que simulaba que estaba dormido. “Su cabeza descansaba sobre una almohada de sílex y habían sido esparcidos alrededor huesos quemados de ganado salvaje, como en ofrenda” (Shreeve 1995:53). En el yacimiento de Teshik-Tash en Uzbekistán, un niño de unos 9 años estaba enterrado con cuernos de cabra montés circundando su tumba. Habían sido dispuestos verticalmente, en parejas, formando un círculo alrededor del cuerpo con las puntas dirigidas hacia el suelo (Shackley 1980). Debajo del cráneo había un pequeño bloque de piedra caliza que parecía estar insertado con el fin de soportar el material en el que descansaba la cabeza. Además de enterrar a sus muertos, se cree que los neandertales también realizaban rituales de enterramiento. La evidencia de ello es que en muchos de los enterramientos neandertales existentes, incluidos los que acabamos de mencionar, contienen herramientas y ofrendas de alimento. Varios de estos lugares tienen también hogares alrededor de los esqueletos. “Esto puede representar un elemento ritual, tal como la provisión de calor para contrarrestar el frío de la muerte, pero es más probable que sean los restos del fuego de un banquete fúnebre, encendido cuando las exequias estaban siendo realizadas” (Shackley 1980:104). Los enterramientos que incluyen estos hogares han sido anteriormente mencionados en la tumba de La-Chappelle-aux-Saints, que contenía supuestamente huesos quemados de animales alrededor del cuerpo. Cuando este sitio fue excavado por primera vez, se concluyó que “había sido un sepulcro en el que la gente iba a comer (numerosos) alimentos fúnebres, pero no a vivir, ya que la cueva tenía unas bóvedas demasiado bajas para vivir confortablemente y no había ningún residuo de la fabricación de herramientas. (Shackley 1980:103). Otro enterramiento que contenía indicios rituales es el de Teshik-Tash. Como ya hemos mencionado, los cuernos apuntan al suelo alrededor del cuerpo y probablemente habían sido colocados allí como protección simbólica. Sin embargo, un pequeño hogar había sido hecho cerca de los cuernos, que ardió durante un breve tiempo, según evidencia la arcilla subyacente sin quemar (Shackley 1980). Estas asociaciones hacen también probable que alguna forma de ritual funerario fuera realizada (Shackley 1980). Otro caso de enterramiento ritual tuvo lugar en Le Moustier, donde el cuerpo de un joven fue rociado póstumamente con ocre rojo. En La Ferrassie, un hombre y una mujer enterrado fueron encontrados cabez con cabeza en la parte delantera de la cueva y los hijos fueron enterrados más atrás hacia el centro. En este yacimiento había también nueve misteriosos montículos, todos del mismo tamaño y altura, dispuestos en fila de a tres. En el interior de uno de esos montículos descansaba el recién nacido y tres bellas piedras de pedernal. “Los primeros investigadores concluyeron que los montículos habían sido construidos en un enterramiento ritual” (Benditt 1989:33). Sin embargo, los antropólogos están bastante confusos sobre su significación. Algún propósito ritual o simbólico puede ser encontrado en los bloques de piedra encontrados en las tumbas neandertales, junto con comida, herramientas y la posición flexionada del cuerpo. F. Clark Howell cree que

“la evidencia de esta fuente indica claramente que el Hombre de Neandertal creía en la vida después de la muerte y que ésta no era probablemente distinta a la vida sobre la tierra, ya que parece que trataba de ayudar a los muertos en su camino con herramientas y comida. La vida misma parece haber sido vista como una clase de sueño, puesto que los cadáveres estaban cuidadosamente dispuestos como si estuvieran durmiendo (Howell 1965:130).

En contraste con la creencia de que los neandertales enterraban a sus muertos por razones personales y simbólicas, algunos paleoantropólogos todavía dudan de esta teoría. Argumentan “que los neandertales enterraban a sus muertos sólo evitar a los animales carroñeros y eliminar el olor” (Rudavski 1991:44). Estos críticos alegan que varias muestras de polen del enterramiento de Shanidar podían haber llegado a la tumba arrastradas por el viento, los pies de los dolientes “o incluso de miembros iraquíes del equipo de excavación que llevaran flores entre los pliegues de sus fajines” (Johanson and Edgar 1996:100). Robert H. Gargett, graduado por la Universidad de California en Berkeley, creía que todos los enterramientos neandertales conocidos podían explicarse por procesos naturales de preservación. Gargett argumentó que los diferentes grados de conservación de los restos pueden ser debidos a la geología y no a la compasión humana (Benditt 1989). Los esqueletos más completos fueron encontrados en cuevas, en las que el enterramiento puede haber sido provocado por causas naturales. Por ejemplo, en La-Chapelle-aux-Saints, la tumba del “Anciano” puede haber sido causada por la acción disolvente del agua sobre el suelo de piedra caliza de la cueva. Gargett también afirma que los nueve montículos de La Ferassie pueden haber sido creados también por fuerzas naturales. Sugiere que pueden haberse formado “debido a la acción del hielo, que puede crear montoncitos geometricamente moldeados” (Benditt 1989:32). Por consiguiente, Gargett es muy escéptico sobre la mayoría de los enterramientos neandertales. Por el contrario, los antropólogos Philip Chase y Harold Dibble creen que “enterramientos deliberadois estñan clarmente presentes, pero no hay señales obvias de rituales” (Chase and Dibble 1987:276). Según ambos autores, las túmbas del Paleolítico Medio solo contienen objetos de uso diario lo que obliga a plantear la cuestión de si los mismos reflejan algúna ceremonia simbólica o ritual antes del enterramiento. La mayor parte de las sepulturas están localizadas en áreas de ocupación de los yacimientos y los objetos relevantes de estos enterramientos no pueden distinguirse de los artefactos encontrados en el resto del área. Un ejemplo de ellos es el yacimiento de Teshik-Tash. Aunque parece que la tumba del joven neandertal estaba circundada por un anillo de cuernos de cabra montés, estas muestras fueron encontradas por todas partes en el yacimiento, adornando una gran extensión con restos de animales. Chase and Dibble concluyen que:

“Podemos, por consiguiente, esperar alguna asociación con la sepultura simplemente debida a la distribución aleatoria de los restos de estas especies a lo largo del yacimiento. Pero tal asociación podría no implicar una conducta significativa. En segundo lugar, la asociación entre el hueso de cabra y la sepultura no es tan fuerte. En el momento del descubrimiento sólo la calavera estaba situada en el interior de la concentración de cuernos y la parte poscraneal yacía más allá. Esta dispersión de los huesos sugiere la intervención de un predador... Incluso si el núcleo de cuernos fuera alguna vez asociado con las sepulturas, la asociación podría haber sido pragmática más bien que ritual: los cuernos pueden haber sido usados simplemente como picos para excavar la tumba . (Chase and Dibble 1987:276). Por consiguiente, para que las tumbas sean verdaderamente simbólicas y rituales de “una religión o creencia en otra vida, los objetos de la tumba deben exhibir algunos caracteres especiales aparte de los que se pueden encontrar en cualquier parte del yacimiento”, como en las sepulturas del Paleolítico Superior (Chase and Dibble 1987:274).

Otra cultura ritual simbólica que se atribuye a los neandertales es el culto a los osos de las cavernas. Colecciones de huesos de oso ampliamente dispersados por los yacimientos lo sugieren, especialmente en Drachenloch, en Suiza, donde “un cierto número de cráneos de oso fueron encontrados apilados en un arca de piedra” (Kennedy 1975:92). Se cree que el arca de piedra había sido fabricada por los neandertales, que habrían habitado a la entrada de la cueva. La parte superior de la estructura estaba cubierta por una sólida losa de piedra. “En el interior estaban las calaveras de siete osos con los hocicos dispuestos frente a la entrada de la cueva y aún más dentro de la cueva otras seis calaveras de oso en nichos a lo largo de la pared” (Shackley 1980:110). cerca de estos restos, había atados en manojos huesos de extremidades pertenecientes a diferentes osos. En consecuencia, fue en este yacimiento donde se encontraron los supuestos símbolos del “Culto al Oso de las Cavernas”. Consistían en la calavera de un oso de tres años con la mejilla perforada y atravesada con un hueso de pierna de un oso joven. “Descansaban sobre dos huesos de otros dos osos, en una disposición que dificilmente podía haber sucedido al azar” (Howell 1965:127).
En Regourdou, al sur de Francia se encontró un fenómeno similar- Allí, un foso rectangular contenía los restos de al menos veinte osos, la mayoría de los cuales eran calaveras, cubiertos por una sólida losa de piedra que pesaba cerca de una tonelada. Cerca de allí reposaban los restos de un neandertal en otra fosa de piedra, con varios objetos, entre ellos un húmero de oso, un raspador, un núcleo y algunas láminas, que fueron interpretados como ofrendas fúnebres. (Chase and Dibble 1987). Tal vez está relacionado con el culto al oso de las cavernas el singular descubrimiento realizado en una profunda cámara de la cueva de Basua en Savona, Italia, en la que una estalagmita vagamente zoomorfa estaba rodeada de bolitas de arcilla y aparentemente fue usada por los neandertales para una ceremonia. Huesos de oso estaban diseminados por el suelo, lo que sugiere que no se trataba probablemente de un juego sino que había sido realizado con un propósito ritual de algún tipo. (Kennedy 1975). Frente a la idea de que los neandertales construyeran estos fosos para almacenar osos de las cavernas con propósitos rituales, es posible que estos yacimientos puedan ser explicados por factores naturales (Chase and Dibble 1987). Corrientes subterráneas pueden haber producido una acumulación de usos de oso de las cavernas en nichos naturales y agrupar bloques de techo caídos. Otra posibilidad es que los osos de las cavernas prepararan nidos circulares y muriesen en ocasiones durante la hibernación. Derrumbes de la cueva pueden explicar la creación de fosos cubiertos con grandes techos. Es posible que algunos osos murieran por causas naturales en esta cuevas y pasado un cierto tiempo se produjeran los derrumbes, produciendo el efecto de que había sido creado un foso de almacenamiento. Chase y Dibble también descubrieron erróneas interpretaciones durante el examen de las cuevas a principios del siglo XX que afirmaban el culto a los osos de las cavernas. Los primeros arqueólogos registraban pobremente los datos sobre posibles heridas de cacería en los osos o la evidencia para indicar si habían sido matados (Chase and Dibble 1987).


El Hombre de Neandertal podría haber practicado el canibalismo, debido al hambre o como una clase de ritual de muerte. Uno de los yacimientos más controvertidos en relación con este asunto está en el Monte Circeo, en Italia, donde en 1939, un cráneo Neandertal fue descubierto en el interior de un anillo oval de piedras. El agujero donde la médula conecta con el encéfalo, conocido como foramen magnun, había sido ensanchado y fracturado, sugiriendo que el cerebro había sido extraido y consumido. Sin embargo, la posición original del cráneo en el interior del anillo de piedras es dudosa porque la persona que la descubrió no recuerda si la volvió a dejar en el lugar adecuado (Klein 1989). Un análisis del cráneo no muestra ni cortes ni marcas de raspaduras, peladuras o escamas, asociadas con prácticas caníbales (Bower 1991). En lugar de ello, marcas de mordeduras de carnívoro aparecen en varias partes del cráneo, especialmente en la base. A partir de esta evidencia, es probable que una hiena manoseara la calavera, comiera el cerebro y la empujara sobre una insignificante configuración de piedras. Los restos mutilados de veinte hombres, mujeres y niños de Neandertal fueron encontrados en Krapina, Croacia, en 1899. Se ha especulado que estos individuos fueron devorados ritualmente puesto que, a juzgar por el gran amontonamiento de huesos de animales que había en la cueva, la caza era copiosa. Los análisis realizados a estos huesos muestran que “los neandertales habían dejado las mismas señales en sus compañeros humanos que en sus presas animales” (Gore 1996:27). Algunos estudiosos creen que esta carnicería canibal no eran parte de un ritual puesto que todos los huesos no habían sido desgarrados de la misma manera. Sólo los huesos de las extremidades, que contienen una gran cantidad de médula habían sido partidos. El canibalismo es visto, por consiguiente como “una entre otros modos que tenían los Neandertales de alimentarse más bien que como un acto ocasional de desesperación de seres humanos hambrientos” (Gore 1996:27). Otra evidencia, como el yacimiento de Teshik-Tash y el cráneo del valle de Neander, apunta al descarnamiento del cadaver antes del enterramiento. Es posible que el Hombre de Neandertal comiera ritualmente a sus camaradas, para apropiarse de su fuerza y su valor como creían muchas tribus bushman actuales. Otros rituales fúnebres neandertales pueden haber sido realizados como un sacrificio a un dios, como en el caso de los cadáveres de pantano europeos.

No está todavía probado si los neandertales realizaron verdaderamente o no una conducta simbólica ritual o si tenían algún atisbo de religión, a pesar de las especulaciones indicadas. Sus muertos fueron enterrados, posiblemente tenían miedo a su resurrección, lo que podría explicar por qué muchos cadáveres neandertales aparecen apretadamente flexionados como si hubieran sido atados con correas. La colocación de pesadas losas de piedra sobre sus tumbas puede verse también como un impedimento al regreso del difunto. El descarnamiento del cuerpo puede ser indicativo de tomar medidas para evitar que su espíritu les persiguiera (Constable 1973). Los neandertales pueden haber practicado prácticas mágicas y ritos relacionados con la caza, lo que afectaba a cada uno de los miembros de la tribu (Constable 1973). La cueva de Basua contiene una pista de esto. Bolitas de arcilla dispuestas de una forma vagamente animal alrededor de una estalagmita, en la profundidad de la cueva, puede ser el símbolo de una futura caza o el relato de una caza pasada. Por otro lado, puede ser un juego de niños. Otro ejemplo viable de magia relacionada con la caza fue una ceremonia que pudo tener lugar en una cueva del Libano, hace unos cincuenta mil años, en la que los neandertales desmembraron un ciervo, colocaron sus restos en un lecho de piedra y los rociaron de ocre rojo. El pigmento fue posiblemente un símbolo de la sangre y el acto fue aparentemente un intento ritualista o mágico de controlar la vida y la muerte en el reino de los ciervos (Constable 1973).

1 comentario:

Millán Mozota dijo...

la hipótesis de la capacidad simbólica y la complejidad cognitiva en los neandertales está bastante probada hoy en día: trabajos de Zilhao, Vaquero, D'errico, Soressi, Gaudzinski, Koller, Adler, Thieme, Rios Garaizar...